Reverdecer
la disputa inefable
entre el peso del deber
y la certeza de sentir
como un hado irreversible
impreso en la muerte lenta
que se desliza esta mañana
por mis tobillos
en eslabones desintegro tus ojos
y me desprendo
de la sucia crisálida
cruel y geométrica
apacible y engañosa
que me supone tu memoria
remolino de papeles revueltos
y amaneceres confusos
vasos de agua
que nunca fuiste a buscar
y por si se te ocurriera regresar
calcinaría mis remansos de amargura
embebiéndome en el azúcar del hoy
sin miedo ya
de ser
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